RIVERSIDE - (UC)- Luego de vivir por varios años en Estados Unidos, muchos inmigrantes se enferman al visitar sus países de origen. Pero podrían reducir ese riesgo siguiendo el ejemplo de una científica de la Extensión Cooperativa de la Universidad de California.
"Cuando viajo a países en vías de desarrollo, bebo agua embotellada porque ignoro qué controles de calidad se usan en el suministro de agua potable", admite Marylynn Yates, catedrática en microbiología ambiental en el plantel de la UC en Riverside.
"Hay una serie de problemas asociados con el agua potable en ciertos países. Simplemente uno no puede evitarlo; es la realidad", recalcó la especialista en calidad de agua de yacimientos subterráneos.
Yates y sus colegas están tratando de crear nuevos métodos para garantizar la calidad del agua que se distribuye por tuberías para el consumo humano, lo que podría salvar innumerables vidas en todo el mundo.
Mientras eso ocurre, Yates señala que beber agua embotellada al viajar al extranjero es una buena forma de evitar "la venganza de Moctezuma", el término con que los turistas estadounidenses describen de manera tragicómica los problemas gastrointestinales que experimentan luego de visitar México y otros países latinoamericanos. Estos van desde diarreas severas, fiebre, mareos y vómito, hasta hepatitis a causa de microorganismos de origen fecal que se encuentran en el agua potable cuando ésta no se ha purificado adecuadamente.
La misma suerte corren los inmigrantes que han estado fuera de esos países natales por varios años, y especialmente sus hijos que han nacido o crecido en Estados Unidos. Eso se debe a que sus cuerpos carecen de defensas naturales contra esos virus.
"Las personas que viven allá han estado expuestas constantemente a estos organismos y han desarrollado inmunidad. Pero si usted no tiene esa inmunidad, o la ha perdido, es muy probable que se enferme. Así que hay que usar el sentido común", recalcó Yates como una razón más para no beber el agua potable en otros países.
Las enfermedades causadas por patógenos que se trasmiten a través de residuos de excremento animal o humano, como la gastroenteritis, rota virus y hepatitis cobran cientos de miles de vidas en países en vías de desarrollo, especialmente entre niños.
El consumo de agua contaminada con material fecal es la causa más común de enfermedades gastrointestinales, según la Organización Mundial de la Salud. En Estados Unidos, anualmente se registran más de 100,000 casos de ese tipo de enfermedades.
Recientemente, Yates y sus colegas obtuvieron una subvención de la Agencia de Protección del Medioambiente de Estados Unidos para ayudarles a perfeccionar métodos de detección de patógenos en agua potable.
Los métodos de análisis de contenido bacterial que se usan actualmente en enfocan sólo en ciertos patógenos. Pero Yates señala que son cientos los tipos de organismos peligrosos que pueden encontrarse en el agua, lo que dificulta aun más determinar su calidad.
Además de costosos, los métodos de detección que se usan ahora pueden tomar hasta dos semanas para obtener los resultados. Por esas razones, las agencias de gobierno no exigen que las compañías que abastecen agua potable los realicen periódicamente; éstas los hacen voluntariamente, según la investigadora de la División de Agricultura y Recursos Naturales de la UC.
Los científicos de la UC en Riverside están usando las técnicas más avanzadas en citometría, o medición y cuantificación celular, nanotecnología y otros avances en microbiología con los que confían en obtener resultados inmediatos y económicos de detección de patógenos y otros micro organismos nocivos en los suministros de agua potable.
Además de Yates, quien aporta su especialización en detección de virus, en el proyecto participan Wilfred Chen, Ashok Mulchandani y Nosang Myung, del departamento de Ingeniería Química y del Medioambiente de UCR.